Hooligans, fuera de juego


hooligans-estadios-futbol
Por desgracia, una vez más la historia se repite, y la violencia vuelve hacer acto de presencia en un partido de fútbol. A todos se nos vienen a la mente tragedias como la de Valley Parade, la de Hillsboroug o la de Heysel en las que numerosos aficionados, muchos de ellos inocentes, perdieron la vida a causa de la violencia de unos pocos radicales.
 
Esta vez, los hechos se produjeron en la ciudad egipcia de Port Said, dejando 74 muertos y 248 heridos. La trifulca comenzó cuando los seguidores de Al Masry saltaron al campo persiguiendo a los jugadores del equipo rival Al Ahli, así como a sus hinchas. 
Mientras que los jugadores lograron refugiarse en los vestuarios, peor suerte corrieron los aficionados. Aunque, la policía intentó armar un cordón de seguridad para resguardar a los jugadores y a los aficionados que intentaban huir, fue casi imposible evitar la estampida que provocó múltiples aplastamientos, muertes por asfixia y hasta caídas desde las gradas. 
Muchas fueron las vidas que se cobraron y las personas contusiones y heridas. Simples aficionados que deseaban escapar de la barbarie. ¿Acaso en algún momento los radicales se pararon a pensar e las vidas que arrebatban, en las ilusiones que tenían, en sus planes de futuro, en sus familias, en que quizás esos espectadores iban por primera vez a ver un partido de fútbol, o que quizás acababan de salir del hospital tras superar una dura enfermedad?
¿Cómo se puede salir de casa y acudir a un partido con un cuchillo, con unos petardos o con unas botellas y lo que es peor usarlos con la peor intención que se puede tener?, ¿es que el fatal desenlace estaba premeditado?. Y lo que es peor, ¿qué es lo que lleva a un aficionado a cometer este tipo de actos vandálico? ¿Acaso la pasión desmesurada por defender los colores de un equipo tiene que ir más allá de los vítores y cánticos?, ¿se puede acabar con la violencia en los estadios?
Pues parece ser que sí, que sí se puede acabar con estos violentos. Un ejemplo de ello, fue el caso inglés, que tras sufrir el fenómeno de los hooligans durante años el gobierno británico decidió, entre finales de los 80 y principios de los 90, tomar cartas en el asunto y atajar el problema de raíz. 
En la elaboración de estas medidas participaron varios actores sociales desde el propio gobierno, hasta la policía, pasando por los clubes de futbol o las empresas privadas. Ya que hay que tener en cuenta que no se trata de un problema meramente deportivo o futbolístico sino que va más allá y se trata de un problema sociocultural. 
Entre las medidas que implantaron destacan la penalización de los violentos, el aumento de la seguridad en los estadios tanto con personal de logística como con cámaras de video, la implantación de sillería en las tribunas, o la asignación de carnets a los aficionado para controlarlos y localizarlos rápidamente. Para ello hizo falta una gran inversión, y el Estado otorgó créditos para que los clubes pudiesen adaptar sus estadios. 
Entonces, ¿este modelo se podría extrapolar a otras sociedades para acabar con la violencia?, ¿acaso todos los hinchas violentos son iguales?, y la violencia empleada, ¿es igual en todos los campos?, ¿se da el mismo tipo de violencia en todos los países?.
Por el momento, se están dando  algunos pasos en este ámbito, tanto a nivel nacional como comunitario. De hecho, el Parlamento Europeo aprobó, apenas un día después del incidente en Egipto, un informe del eurodiputado español Santiago Fisas (PPE) en el que se planteaban entre otras cosas, una mayor coordinación entre los Estados miembros para sancionar a los espectadores violentos, así como la creación de un registro europeo de personas a las que se prohíbe el acceso a cualquier estadio en Europa, por sus comportamientos violentos y discriminatorios reincidentes. Esta base de datos serviría también para intercambiar información y crear un sistema de alertas durante los partidos de más riesgo.


Comentarios