"Muchacha en la ventana" de Salvador Dalí

"Muchacha en la ventana" de Salvador Dalí

domingo, 11 de noviembre de 2012

La sangre que no fluye por los niños del norte



Una de las cosas que estoy aprendiendo es que es mejor no dar nada por hecho, no esperar una reacción de alguien o de algo, sino que es mejor ir a ciegas, como si todo fuese nuevo, como si fuese la primera vez que hicieses algo.
Ya son 5 los meses que llevo aquí, y la verdad es que los días se pasan volando, y cada día me sorprendo más. No sólo aquí estoy conociendo un poquito más de la cultura alemana, sino que también trabajo con otras culturas. Vamos que se puede decir que es un voluntariado de lo más multicultural y multirracial.
Una de mis funciones aquí, es ayudar  por las mañanas en el Kinderbetreuung. Es decir, me dedico a cuidar a los niños, mientras sus padres acuden a clases de alemán. Niños de diferentes nacionalidades y continentes: de Europa del este, de Asia… jugamos con ellos, cantamos canciones y les damos de almorzar. Son niños con edades comprendidas entre unos pocos meses y los 3 años y la verdad es que sí que ves que hay niños más curiosos y espabilados que otros, pero no me había dado cuenta realmente de que existen muchas diferencias entre los niños de aquí y los españoles. Sin embargo, no fue hasta la fiesta de Halloween cuando me percaté.
Esta vez las actividades estaban dirigidas a niños de entre 5 a 10 años, por eso de que fuese más fácil hacer cosas con ellos, y quizás esperando un poco más de entusiasmo y ese punto rebelde de los más pequeños. Para ello, habíamos decorado la cafetería con guirnaldas de fantasmas, calabazas y murciélagos; las mesas con ramas, hojas y velas con calabazas y las ventanas con pegatinas de Halloween. Además, habíamos preparado un montón de actividades, como pintar dibujos, hacer máscaras de calabazas o de murciélagos, comer chucherías o jugar a juegos populares. De hecho, nosotras nos disfrazamos para la ocasión, de brujas. Pese a ello, la fiesta no parecía una fiesta. O por lo menos, no para mí.
Para empezar los niños vinieron vestidos de calle. Les costaba arrancar, participar en las actividades, les explicabas las cosas y te miraban como si no comprendiesen nada, había gominolas y chocolatinas y les costaba comer. No sé, yo me les imaginaba como los niños españoles ahí haciendo de todo, comiendo un montón, viniendo disfrazados, con una sonrisa de oreja a oreja. Vamos con más sangre en la venas. Que daba igual de donde fueses, que los niños iban a tener esa rebeldía, inocencia que tanto les caracteriza. Pero no, va a ser verdad que el tiempo afecta al carácter incluso de los más pequeños.


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