"Muchacha en la ventana" de Salvador Dalí

"Muchacha en la ventana" de Salvador Dalí

martes, 17 de noviembre de 2015

Un año en Bruselas en medio del caos y el horror

Ya han pasado 3 meses desde mi última actualización en el blog. Estos  meses han sido de lo más ajetreados, demasiadas novedades, nuevas rutinas, una mudanza… En definitiva, poco tiempo para seguir escribiendo. Que lamentablemente, en mi opinión, no son más que excusas, la verdad.  Quienes me conocen saben que a mí no me gusta la expresión “no tengo tiempo”, sino que considero que simplemente surgen otras prioridades que provocan que dejes de lado ciertas actividades. Y eso creo que es lo que me ha pasado a mí estos meses.¿Por qué he decidido hoy volver a publicar algo en el blog? Pues la verdad es que no sé si es porque en el fondo pesaba sobre mi conciencia el hecho de ver morir algo en lo que aposté desde el primer minuto, en el que he dedicado mucho tiempo y esfuerzo o porque en el fondo me hace tremendamente feliz, ya que es mi escape, mi medio para poder expresarme e informar sobre hechos de actualidad. Y en estos momentos, creo que más que nunca hay hechos que me remueven las entrañas y por los que no puedo estar callada. Necesito poder expresarme, seguir lanzando preguntas al aire, invitando a la reflexión, que nos planteemos cosas que antes no hacíamos, que reaccionemos, porque creo que es algo que está faltando mucho últimamente, la comunicación, la libertad de expresión…
En concreto, quiero hablar de cómo está transcurriendo mi año en Bruselas desde el punto de vista personal y humano. Desde que se produjo el atentado contra el semanario satírico francés, Charlie Hebdo, el pasado 7 de enero de 2015, para muchos la vida aquí indirectamente y en nuestro subconsciente no ha sido igual. Muchos hemos empezado a darnos cuenta de que Bruselas poco a poco se está convirtiendo en el centro neurálgico del horror y del terrorismo islámico.
Sí, es verdad, que llevamos una vida normal y que igual ha reinado el caos y el miedo los primeros meses del año, pero poco a poco la situación se fue normalizando, porque no puedes dejar de llevar tu vida y mucho menos vivir con miedo. Pero tras la masacre de Paris este fin de semana esos hechos han vuelto a mi memoria y he revivido situaciones que me han hecho plantearme muchas cosas. Igual esos hechos tenían más importancia de lo que creíamos. Igual no se trataba de hechos aislados y controlados, sino que esto es incluso más serio de lo que nos cuentan, y en mi opinión esto no ha hecho más que empezar y que para nada es algo que tenga una fácil y rápida solución. Recuerdo como si fuera ayer,  aquel sábado 31 de enero en el que  fui desalojada de un festival de música “Antitapas” celebrado en el famoso barrio de Molenbeek por una alerta de bomba y en el que a punto estuvimos de morir por avalancha, ya que apagaron la música sin darnos ningún motivo y no hacíamos más que ver a policía sacándonos a empujones.  En enero, también la policía belga abatió a dos presuntos yihadistas tras asaltar su escondite en Verviers, una ciudad a sólo una hora y media de Bruselas. Llevamos  casi un año en alerta amarilla, con militares armados con metralletas en los edificios institucionales, de hecho durante el mes de enero y febrero se sucedieron más de 35 alertas de bombas o denuncias por paquetes sospechosos, en una ocasión tuvieron que ser evacuados algunos edificios como la embajada de Estados Unidos, tres edificios administrativos del Parlamento Europeo o el Palacio de Justicia debido a que había vehículos sospechosos aparcados en los alrededores. En Bélgica también residía Ayoub El Khazzani, el joven que intentó atacar un tren que iba de Amsterdam a París.
Hechos que no sólo estoy volviendo a recordar, sino que estoy empezando a sufrir otra vez. La alerta amarilla continua, las falsas alertas de bomba se suceden, se cortan calles y túneles de acceso a los puntos centrales de la ciudad. Se suspende un partido amistoso entre la selección española y la belga, en el que se podrían haber congregado miles de aficionados, y en el que se podía haber desencadenado un desenlace terrible. Y  creo que el hecho de que Molenbeek sea considerada el principal refugio de yihadistas en la UE,  y que compartamos edificio con una representación diplomática hacen que el miedo se apodere de mí cada vez más, que me plantee, que nadie está libre en estos momentos de la muerte.
Si igual estoy siendo demasiado subjetiva y catastrofista, pero creo que es hora de pararse pensar que esto no ha hecho más que empezar y que igual nos estamos enfrentando a una nueva guerra religiosa.

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