De ruta por los mercados navideños



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Creo que una de las cosas que más añoro de mis años en Bélgica y Alemania son sus mercados navideños.

Durante los fines de semana de finales de noviembre y principios de diciembre organizábamos mil y una excursiones para conocerlos.

Nos pasábamos los días buscando información sobre los mercadillos más entrañables, en las quedadas con los amigos dejábamos de lado los bares para acudir al mercado navideño y degustar los platos típicos, ya fuese una “Rostbratwurst” o salchicha alemana, un gaufre belga acompañado de un vino caliente o “Glühwein” o en su defecto por un ponche de huevo o “Eierpunsch” para entrar en calor ante las gélidas temperaturas que se daban por esas fechas.

Pese a que todos contaban con las mismas características: puestecitos de madera vendiendo productos artesanos y regalos originales, los espectáculos de luz, música y animación en las fachadas de los edificios o la iluminación y los adornos navideños, cada uno tenía algo especial. Lo que provocaba que cada fin de semana descubriéramos uno más bonito y entrañable que el anterior.

Toda esa gente feliz y alegre disfrutando del ambiente navideño por las calles durante todo el día, lo convertían en algo mágico que te hacía sumergirte por unas horas en un ambiente de paz y felicidad absoluta.

De hecho, muchos son los viajes que se organizan a las grandes capitales europeas para visitar sus mercados navideños. Lugares que nos hacen soñar y volver a la infancia para vivir por unos momentos un verdadero cuento de hadas.

Por eso, no es de extrañar que cada vez sean más las ciudades que tiran la casa por la ventana durante estas fechas para vestirse con sus mejores galas con el fin de atraer a más turistas cada año.

Mercados navideños por España

En opinión, esto es un poco lo que ha pasado en las ciudades españolas que han pasado de tener cuatro puestos vendiendo figuras de belenes, petardos y artículos de broma, un par de carruseles y trenes para los niños e iluminación navideña por las calles con villancicos de fondo, para convertirse en verdaderos reclamos turísticos con un despliegue de luces, música y tecnología impresionante como es el caso de las luces de Navidad de Vigo, o los Mercados de Navidad de Madrid o Barcelona. 

Durante estas fechas se suceden las excursiones y viajes a otras ciudades para ver sus luces, las redes sociales se inundan de fotos navideñas, las calles se abarrotan de gente haciendo las típicas compras navideñas y es raro aquel que no compra un décimo de lotería llamando a la suerte, pero sobre todo, caemos rendidos ante la magia y la ilusión que envuelve la Navidad.

 

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